felipe-macias-defensa

Felipe Macías defiende sus informes sobre la mina de San Finx y la mina de Touro

Sharing is caring!

El profesor emérito y catedrático de Edafología y Química Agrícola en la Universidad de Santiago de Compostela (USC), Felipe Macías, salió este miércoles al paso de las críticas vertidas por parte de varias asociaciones contra los proyectos mineros de Touro y San Finx.

Macías cuenta con una trayectoria de 49 años en la docencia y en la investigación. Una extensa carrera en la que fue profesor de más de una docena de materias, entre ellas Geología, Edafología (ciencia del suelo) y de Evaluación de Impactos Ambientales.

Macías también ocupó un gran número de cargos administrativos en los ámbitos agrícola, forestal y edafológico. Asimismo ha conseguido un gran número de premios y reconocimientos a nivel internacional, y en la actualidad es miembro electo de l’ Académie d’ Agriculture, Alimentation et l’ Environnement de Francia desde 2005; mientras que desde 2010 es miembro de honor de la Sociedad Española de Ciencia del Suelo.

“Esta trayectoria docente variada me permitió llevar a cabo la investigación del medio en Galicia y ayudar a resolver los problemas trasladando los conocimientos científicos a nuestra realidad social”, expuso Macías, que resaltó su trabajo internacional en restauraciones mineras en Canadá, México, Perú y Argentina, además de las llevadas a cabo en España. “Trabajé con mi equipo en la restauración de la mina de las Pontes, desde su inicio hasta la conversión en el lago, que es un ejemplo a nivel mundial. Llevo investigando en Touro desde 1978, así como en explotaciones de toda España. Modestamente, pienso que no hay quien de darme lecciones de recuperación de suelos mineros degradados”, destacó.

Por eso el profesor emérito expuso que el «comportamiento» de los que lo critican es típico de «propagandistas» que subestiman, apuntó, el potencial tecnológico existente en Galicia y sobreestiman peligros que no son reales.

El informe de la mina de Touro

En su intervención, Macías aclaró los dos puntos puestos en entredicho de su estudio de la mina de Touro: el riesgo sísmico y el riesgo de inundación. Macías afirma que el riesgo sísmico fue descartado del estudio de impacto ambiental porque el Instituto Geológico y Minero de España califica a Galicia como “una región estable sismicamente, por lo que no hay necesidad de contemplar este riesgo. Los que hablan de la sismoloxía de Galicia poniendo como ejemplo Chile, están muy equivocados”.

En cuanto al riesgo de inundación, Macías aclaró que también se tuvo en cuenta a climatología gallega a la hora valorar este peligro, que se descartó y “tras 20 años a balsa de lodos de Touro sigue impertérrita”. “Hay que hacer un análisis de riesgos de cosas que realmente puedan producirse y que tengan en cuenta los datos de los que disponemos“, señaló Macías.

El informe de San Finx

En cuanto al caso de San Finx, Macías especificó que en esa zona de Galicia existe una «litología especial», ya que está formada por corteza oceánica, que aumenta la prevalencia de metales pesados y sostuvo que la Administración «debe tener normas diferentes» para adaptarse a este tipo de casos. Así, destacó que en sus estudios sobre la calidad del agua hay una mayor concentración de metales que en otras zonas de Galicia, pero que se deben a la situación original de la tierra y no al impacto que tuvo sobre la actividad minera: “Hay mina porque hay metales, no al revés”.

Macías explicó también el estudio xeoquímico que llevó junto con su equipo en la mina de San Finx y en su entorno: “En las cercanías de la mina de Sano Finx hay aguas de ácidas la neutras, no hay aguas hiperácidas ni ácidas de mina, por lo que presentan un pH de orden de 5 a 6”. El profesor emérito de la USC acusó la algunas asociaciones de «multiplicar por 2.000» el número máximo de partes por millón de metales propuestos nos sus informes y cree que estas acciones están dirigidas a «promover pánico y miedo».

Macías explicó cómo marcaron los umbrales de los metales pesados presentes en las aguas: “Había que marcar unos niveles propios que tuvieran en cuenta las características de la zona, para eso se recogieron muestras de 20 puntos diferentes”.

Finalmente, Macías estableció como nivel máximo 2,8 mg/ l en la mina al existir “una anomalía mineral natural que provoca esa concentración” y aclara que en su informe exigieron “una concentración mucho menor en las aguas que llegan a la ría, cumpliendo la legislación”.

El catedrático emérito enmarcó las acciones de las asociaciones ambientales fuera del ámbito puramente científico y dijo que están distorsionadas por diferentes «visiones del mundo» y por «intereses políticos» más allá de la seguridad de la población a la que podrían afectar a las minas, llegando a etiquetarlas como «pseudoreligiones», ya que entiende que «son más para los creyentes que para los científicos».

Finalmente, concluyó que ninguno de estos dos proyectos «tendrá ningún impacto si se realizan bien», ya que afirma que los medios están disponibles para evitar la salida de aguas ácidas o hiperácidas de los complejos, lo que los hace -en su opinión- perfectamente compatibles con el ganado, los mariscos o con cualquier otro tipo de actividad en el ámbito inmediato.

Audio bruto de la RdP:

https://www.dropbox.com/s/c7bp5mbfwxvcoq2/Universidad%20de%20Santiago%20de%20Compostela.m4a?dl=0